Pájaro sangre

Miénteme

voy a abrir tu jaula

que salga el pájaro sangriento de tus fauces

que salgan las palabras

y yo misma

que salga de allí

 


 

Acomodas tu paso

acercando lejanía

tomo de tu cuerpo

al dios-pájaro

aletea fuerte nace

hacia el sol aniquilante

de su éxtasis

extranjero que cabalgas

con espuelas cuidadosas

¿hacia dónde te diriges ebrio en la tenacidad de tu galope?

morimos frente al sol

frente al sol

caminantes de un tiempo mítico

pero el sol siempre muere antes que nosotros

la moral del tiempo nos convoca

y entre ambos

hoy custodiamos la Alegría


 

 

 

Comentarios sobre “Pájaro sangre”

 

“(…)Pájaro Sangre se descubre así como un libro que desde la apariencia de un libro que canta al amor, nos descubre una telaraña de sentido –de sinsentido- en el concepto de la mujer desde la sociedad y la reconstrucción de la mujer por sí misma. Y Blanca Morel, como una poeta capaz de decir dos veces, una poetizando con certeza y sensibilidad el amor, y otra, tocando y transformando el discurso oscurecido de la mujer desde la poesía.”

Julio Espinosa Guerra, del texto de presentación de “Pájaro sangre” en la Escuela de Escritores de Zaragoza.

 

 (…)versos claros, concisos, elevados, leves, grandiosos, balsámicos, en este “Pájaro sangre” entrañable.

Manuel Quiroga Clérigo de la reseña de “Pájaro sangre” en “Melilla hoy”.

 

(…) “es en versos como “bebo el vino de las copas lejanas” (p. 19) o en ese otro en donde se dice “alguien come mi carne roja” (p. 19), en donde se inicia el trazado de un círculo, quizá tan mistérico como la propia sangre del pájaro arúspice que sugiere el título del libro, que con sólo nombrarlo ayuda al poeta a delinear en su experiencia poemática un lugar remoto en el que interpretarse a sí mismo, tan intenso como desconocido, tan cruel como desafiante, tan libre como indefenso, e intentar encontrarse y saberse con fuerzas para interpretar el sacrificio de su propia oralidad, cerrando el libro con el deslumbrante y enigmático poema en el que alcanza a decir “Hay mensajes grabados en las vísceras” (p. 58); vísceras que no le son desconocidas, porque el ave al que “la carne (le) ha sido abierta” (p. 58) es el propio poeta, eres tú.”(…)

Miguel Ángel Muñoz Sanjuán, en  carta a la autora.

 

(…)”Libro, en suma, que en su singular propuesta asume con éxito los riesgos que plantea y que revela, a su vez, el heterogéneo azar que anida en la poesía.”

Jorge de Arco de la reseña de “Pájaro sangre” en Andalucía Información.

 

Apuntes de la autora sobre la creación de “Pájaro sangre”

 

Hay mundos presentidos que están dentro de nosotros en inquietantes destellos. Tuve pájaros, solían visitarme en los sueños, vinieron hasta mí oníricos gorriones, había noches que morían atrapados dentro de mi garganta, en otros sueños  murieron entre mis manos  pues cómo controlar la fuerza con la  que imprimimos la caricia en un ser frágil y desconocido si sabemos que en los sueños la materia es variable y lo duro se torna blando y lo elástico lo es cada vez más. Así algunos pájaros de mis sueños murieron por la torpeza de mis caricias mientras  otros consiguieron escapar o perderse  para siempre en el aire, suspendidos en una nada blanca  de inexistencia presentida.

Había un pájaro dentro de mi pecho, comía corazón, era carnívoro y hambriento y sólo podía vivir allí, si lo dejaba marchar lo secaría el aire y el  polvo  del desierto, moriría, si yo le dejaba marchar, sería culpable de su muerte.

Había en mi interior un bosque,  el pájaro hambriento se había comido todos los sonidos y un bosque sin sonidos es algo atroz e inaudito. Pero me pareció llegar a entender la víscera de misterioso silencio que mana de lugares o seres que están fuera de nosotros y desembocan en nosotros. Si hallas el silencio y lo entiendes es una victoria,  me decía para reconfortarme.

Y cuando  el símbolo cobra una intensidad  inquietante algo sucede, algo crucial, ha llegado el momento, la consumación del símbolo. Después de todos los silencios y tras doblar todas las esquinas, fundé mis certezas, pues no existen.