La fotografía y la muerte. Apuntes sobre “La cámara lúcida” de Roland Barthes.

Imagen incluida en el libro “Phenomena of materialisation” de Schrenck-Notzing.

Leo “La cámara lúcida” con tristeza, no sabía que Barthes murió atropellado por una furgoneta de reparto días después de la publicación de este libro.  Es un ensayo  en el que resplandece la humanidad del autor. Sin duda, la maestría con la que transforma un ensayo filosófico en una hermosa elegía a la madre muerta, es lo que más me ha cautivado. Roland Barthes parte de una reflexión sobre la fotografía, en la que él mismo se convierte en objeto de estudio. Ahonda en sus recuerdos, en su psique, y llega al subconsciente para hallar las claves que pueden hacernos conectar con determinadas fotografías. La muerte es el hecho inapelable, el instante último hacia el que todo tiende. Barthes entiende la fotografía como ese instante en que la vida se paraliza en el reino de lo inmóvil. El texto nos hace reflexionar sobre el paso del tiempo como fuga infinita. Pero la fotografía comete un acto excepcional, me viene a la cabeza la palabra secuestro para referirme al momento fijado por el objetivo fotográfico. La fotografía es la excepción, la condena a la permanencia de lo fragmentario. Y esto que permanece fijado, el “spectrum”, es precisamente la muerte. El tiempo con su marca de la desaparición que todos los instantes soportan, la inmovilidad última, el instante secuestrado en el que todo cesa.

Barthes señala el carácter de aventura que nos proporciona la fotografía pero también la manera en que nos despersonaliza. Al ser fotografiados dejamos de ser sujeto para devenir objeto: “Cuando me siento observado por el objetivo, todo cambia: me constituyo en el acto de posar, me fabrico instantáneamente otro  cuerpo, me transformo par adelantado en imagen. Dicha transformación es activa: siento que la Fotografía crea mi cuerpo, que lo mortifica, según su capricho”. Esta pérdida de estatus se siente en carne propia cuando percibimos la escrutadora presión del objetivo, entonces fingimos para intentar parecer mejores. La teatralidad del instante fotográfico tiene una expresión en el selfie que pretende ofrecer la mejor versión de quienes somos: personas felices, atractivas, con amigos, con gatos, el mundo nos incluye, estamos presentes aquí y ahora, somos actuales, somos tecnológicas. Incluso hay gente que quiere ser tan original en su pose que arriesga demasiado. Se han producido varios casos de muerte al intentar realizar un ‘selfie’ imposible: “Muere un joven indio cuando trataba de hacerse un ‘selfie’ con un elefante”. En el periódico en el que aparece esta noticia comprobamos que días otro hombre moría por la misma causa.

Hay fotografías que nos punzan, tienen ese “punctum” barthesiano. Algo aparentemente nimio destaca en la foto, nos inquieta, nos traspasa: un gesto, determinada postura, un collar, una sombra…pero a veces nos es imposible decir qué es aquello que nos subyuga en una imagen. Como dice Barthes, “lo que pueda nombrar no puede realmente punzarme. La incapacidad de nombrar es un buen síntoma de trastorno.”

 

                      Fotografía de Robert Mapplethorpe. Philip Glass and Robert Wilson. 1976

Blanca Morel

One thought on “La fotografía y la muerte. Apuntes sobre “La cámara lúcida” de Roland Barthes.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *