Reseña de “Treinta y seis mujeres” de Gema Palacios.

 

 

 

 

La literatura: juramento de libertad y pasión de vida de una joven poeta.

 

Rilke lo dijo: “Todo ángel es terrible”. Gema Palacios incluye esta cita reveladora  en su último poemario titulado “Treinta y seis mujeres”, el tercero de la poeta hasta la fecha. El ángel bello y terrible de la poesía no llega a destruir pero oprime: “no diré nada que no me robe el aliento”, afirma la poeta negando.

En este un poemario se nos muestra la palabra como límite y destino,  búsqueda y promesa,  muro pero también fuga. La poeta acude a un encuentro, el de ella misma, con su cuerpo y sus límites: “Por qué ir a buscar en otra parte/ las ramas de mi esencia/ si está aquí:/ pájaro entre los dedos”. El libro está dividido en un preludio y tres partes que remiten a dos tipos de  límites: el corporal y el espacial. Del cuerpo las manos, los labios y los ojos. Del espacio el precipicio y el horizonte. Y la palabra com(o)unión de los dos mundos. De las manos brotan versos que se dirigen al otro en forma de ofrenda o interrogante, como estos versos horizontales: “Pero/ si tú no dices/ quién se hará letra.” Aunque en lo que podemos decir siempre habrá una carencia: “La palabra no basta”. Los labios son abismo, lugar en el que lo nombrado se crea: “Donde empieza la palabra te apareces” o “Quiero dejar de escribir sin dejar de crearte”, y los ojos, esos “ojos-horizonte” de la última parte del poemario capacitados para abarcar la amplitud del mundo y también encontrar el límite de otro mirar: “Quería atravesar el espejo y fusionar mis pupilas/ con esas pupilas simétricas/ rozar con los dedos la mejilla terrible”.

La palabra  diáfana y rítmica, fluye entre silencios y espacios vacíos para hablar de la soledad, del amor, la tristeza, la ausencia, el arte y la literatura, también del descubrimiento del propio ser que nos habita.

La búsqueda poética y personal de Gema participa en una reivindicación de la voz de las mujeres. En el poema “Canción de la mujer sin edad” se hace explícita su intención en la dedicatoria del poema: A todas las mujeres que han sido silenciadas a lo largo de la Historia.

Los ecos pizarnikianos nos llegan en la lectura. En el poema número VIII de la primera parte podemos leer: “Yo quiero tener sed de mí misma”. Además una sección de la última parte del libro titulada “Simetrías” ofrece un conjunto de poemas surgidos del diálogo entre la poesía de Alejandra Pizarnik y la  fotografía de Francesca Woodman. La pasión por el arte y la literatura se muestran también en las numerosas citas y menciones de artistas y poetas. Hay un verso en el libro que más que verso -o también-, es lema, y nos da una idea  de la forma de entregarse a la literatura que tiene la autora: “la lectura es un acto temerario”.

Las mujeres de Gema Palacios son legión: “Treinta  y seis mujeres salvajes”. Versos que quedan como “Juramento”, una reivindicación de libertad y pasión de vida.

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Gema Palacios

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