Yo, robot

YO, ROBOT

 

 

El robot tendió sus fuertes manos con un gesto de imploración.”                                                                    Isaac Asimov

Me sigue perturbando cuando estoy en alguna página web y de pronto me encuentro con el mensaje demuestra que no eres un robot.  Últimamente  esto no me resulta tan sencillo. Me quedo mirando los caracteres y guiño los ojos, hace algún tiempo que necesito gafas, hace nada era capaz de leer así sin problemas, y ahora me resulta complicado demostrar que no soy un robot.

cuidado hay robots trabajando
Cuidado, hay robots trabajando

Pero ¿no soy un robot?,  quiero decir ¿seguro que no hay robots entre nosotros? ¿Es posible afirmar que por el hecho de reconocer los caracteres de la prueba CAPTCHA (siglas de Completely Automated Public  Turing test to tell Computers and Humans Apart , prueba de Turing completamente automática y pública para diferenciar ordenadores de humanos) somos realmente humanos? Esta prueba no es en absoluto fiable. He podido comprobar empíricamente que hay personas que aparentan ser personas  sin serlo. Una parte de la población se ha convertido en robot y hace lo que alguien o algo ha programado que debe hacer. El proceso de robotizar a la gente es una medida típica de los sistemas fuertes de poder. Estos sistemas maquínicos capturan nuestra voluntad y generan una sociedad a la que someten, conforman, uniforman, narcotizan y entristecen.  El entristecimiento nos hace débiles. Baruch Spinoza diserta en su filosofía sobre las pasiones. Señala dos tipos: las pasiones tristes y las alegres. Las alegres consiguen que nuestras potencias se desarrollen, nos ayudan a avanzar en nuestra existencia, a perfeccionarnos. Las pasiones tristes por el contrario nos empequeñecen, nos degradan, nos jibarizan.  ¿Eres feliz con tu pareja?: no. ¿Eres feliz con tu trabajo de mierda?: no. ¿Eres feliz con tu maravilloso trabajo de directivo?: no. ¿Eres feliz yendo al cole?: más o menos. ¿Eres feliz comprando el último modelo de Smartphone; (pero es una felicidad ridícula). ¿Eres feliz haciendo un máster?: no, pero todo el mundo lo hace. ¿Eres feliz siendo infeliz?: no mucho, pero me he acostumbrado.

 

Está sociedad  nos da la tristeza y luego nos proporcionarnos remedios para enmascararla. El sistema está bien, soy yo la que está enferma por querer huir de la sociedad de los tristes que deben aparentar ser felices, así que voy al médico a que me recete algo.  Aceptamos y sin embargo, aceptamos, y sin embargo, seguimos aceptando, como perros apaleados sometidos al apego del amo seguimos votando a partidos podridos. La conexión mediante las tuercas del apego es tan fuerte que nos amputa la voluntad de decir NO a lo que nos machaca. La voluntad del cuestionamiento constante. La voluntad de hacer lo que consideremos oportuno para engrandecer nuestras potencias, sin tener en cuenta lo que los demás o la sociedad consideran que debemos hacer.

 

Hay muchos robots con sentimientos que pasan la  prueba CAPTCHA. Y que nadie diga que un robot no puede estar triste, yo los conozco, estamos rodeados de ellos, lo son sin saberlo, muchos no saben que son ciborg y que su mente está capturada por una máquina infausta.

 

sad-woman-1048897_640

4 thoughts on “Yo, robot

  1. Magnífico artículo, con una gran carga de racionalidad y escrito de una forma más que bella.

    1. Gracias Raquel por comentar. Aunque el tema es ya un tópico de la sociedad capitalista quería recalcar que a veces olvidamos nuestra autonomía para pensar, decidir y actuar. Esto que parece tan sencillo y que forma parte de nuestra reducida porción de libertad como seres humanos, debemos defenderlo sin concesiones. Para ello hay que cuestionar, no conformarse, salir de la zona de confort descafeinado y vivir nuestras pasiones alegres -no las que nos hacen reír- sino las que nos hacen sentirnos plenas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *