Bóveda

 

IX

 

madre que pares hijos

para la muerte

herramienta de sacrificio vital

ardemos en la noche

hogueras diminutas

que el alba al aire eleva

 

el sol es urna

de nuestro fuego

madre que pares hijos

que pares el sol radiante

y sus cenizas

 


 

XV

 

nudos

desatados seréis un día

por diestras manos

 

soledades intrínsecas

sucediéndose

en prudencial distancia

 

manos clavadas

nunca quitan propios clavos

 

¡nudos clavados a la vida

 

desclavad desclavad su carne!

 

lloro lloro

 

tan hermosísimas

 

criaturas sus manos

 


 

XVI

 

ha muerto el único

no hay elección

ante ti

 

indefensa el alma

postrada siempre

cabizbajo espíritu

 

señor feudal de la vida

vienes a por tu tributo

 

no doy yo

das tú

lo que me das

es lo que te llevas

 

guardiana soy

perpetua del dolor

por ti concedido

 


 

XXII

 

hoy

nací serpiente

 

me arrastro

como el hombre

es arrastrado por el tiempo

 

sucumben las carcasas

las cenizas

renace la mañana

de uno mismo

 

en el manantial

conchas huecas entrechocan

lejanas voces

de pieles descartadas

 

y te vuelves

 

y me vuelvo

 

y volvemos a alejarnos

 

cada uno lleva un perro

atado

desde siempre

 


 

XXXIII

 

atravieso lágrimas

de niña acongojada

y beso los cristales

 

perforo los abrazos

hasta el hueso

sumergida

en los pulsos de la carne

 

excavo besos

en las lenguas

 

cruzo puertas

incesantes

 

los seres

que se fueron

tragados como tierra

 

continuo edificando

lejanía

 

lombriz ciega

en la terrosa circunstancia

 

  (del poemario Bóveda)

 

 

 

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